martes, 6 de noviembre de 2012

Peronismo de contragolpe (a propósito de un libro de Juan Carlos Torre)


Se ha escrito y mucho sobre los orígenes del peronismo. Nosotros también hicimos nuestro aporte hace un tiempo, en debate con un bloguero de la mazorca. La publicación de una serie de trabajos clásicos de Juan Carlos Torre (con alguna que otra novedad), bajo el título "Ensayos sobre el movimiento obrero y peronismo", nos impulsó a estas reflexiones polémicas.
Varios de los ensayos se centran en la coyuntura que permitió la emergencia del hecho peronista. Los años que van desde 1943 hasta el triunfo electoral de Perón en febrero de 1946.
Torre se delimita de los determinismos que afirman que el peronismo fue una respuesta lógica y necesaria a las tensiones y a las tijeras que se acumulaban en la década del 30 entre el desarrollo industrial y su consecuencia lógica, la conformación de un fuerte movimiento obrero; y el régimen infame reticente a cualquier tipo de reformismo. O en palabras de Torre "la brecha entre las instituciones políticas de la restauración conservadora y las nuevas realidades sociopolíticas generadas al compás de las mutaciones de la economía y la sociedad".
Aunque también se desmarca de una visión de la infinitud de las contingencias, de entre las cuales Perón y su movimiento, fueron uno de los tantos "impensables". 
Las coyunturas que producen cambios históricos no se desarrollan en el vacío, aunque tampoco tienen una única y posible resolución. Es otra manera de definir lo ya dicho hace mucho tiempo: "Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado". Desde esa óptica Torre se permite un interesante juego contrafáctico y manda a la derrota a la huelga del 17 de Octubre y a una vida retirada en el sur a Perón y Evita; y así nos describe otra posible resolución de la coyuntura. Una Argentina sin el peronismo.
Como pasa en los debates en torno al "hecho kirchnerista" lo que está en cuestión es si determinadas orientaciones políticas (sus contornos progresistas, populistas o "pro-obreros") se le impusieron a los dirigentes por las circunstancias históricas que los obligaron a ir "más allá" de sus objetivos iniciales o del programa por el que militaron toda la vida y a cambiarlos sensiblemente; o sí, por el contrario, esto fue producto de una voluntad política "nacional popular"... y su ruta con el "relato" que corresponda de acuerdo cada circunstancia. Como afirmaron varias veces algunos referentes peronistas, el "relato" no es una invento del kirchnerismo y el primer gran relato fue el del peronismo, al que Peña llamó alguna vez del "como si".
Justamente cuando describe el devenir concreto de las acciones políticas del conjunto de los protagonistas políticos y sindicales de la coyuntura, Torre demuestra que el peronismo, tal y cual lo conocemos pos-1946 fue el producto de un "contragolpe" impuesto.
Dice Torre "desde la Secretaría de Trabajo inició en 1944 una política de apertura hacia los trabajadores organizados. Más que suscitada la fuerza de la movilización obrera -todavía débil entonces-, esta política innovadora tenía una función preventiva: conjurar el peligro potencial de un ascenso de las corrientes de izquierda generado por el precario estado en el que se encontraban las cuestiones del trabajo". Más adelante afirma que invitó a los sectores empresarios a colaborar para evitar la agudización de la lucha de clases.
Torre repite este concepto del "proyecto preventivo" de Perón como motor de su gestión en la Secretaría de Trabajo y Previsión. El problema que tuvo es que la burguesía y los patrones no creían en la posibilidad de la irrupción violenta de las clases peligrosas o su radicalización hacia la izquierda y más bien opinaban que las concesiones del Secretario de Trabajo aumentaban las aspiraciones que según él pretendía contener. 
Dos estrategias para resolver la incorporación pacífica de una nueva clase obrera a la Argentina burguesa moderna. El "hecho maldito" siempre depende del punto de vista que se lo mire. Medido desde hoy en términos históricos fue más bien el "hecho bendito" del país burgués y el "hecho maldito" del movimiento obrero. Aunque en sus inicios, el cálculo contable siempre pragmático de la burguesía no lo viera de esa manera e inicie una ofensiva "destituyente" contra el hombre fuerte de la Revolución de Junio de 1943.
Los ensayos nos recuerdan que ya desde temprano el General Perón fue "ducho en el arte de arrugar" (parafraseando al Turco Asís), y merecería un honoris causa de "gran renunciador". Efectivamente el relato contrafáctico que hace Torre tiene una base en las cartas que envió Perón a Evita, desde su confinamiento en Martin García, donde aseguraba que renunciaría a todo (había solicitado los trámites de baja), se casaría y se iría a vivir al sur. La vieja guardia sindical que lo entrevistó en esos días encontró un hombre abatido, quebrado. Su máxima aspiración era "escribir un libro" que publicaría lo antes posible, para que se sepa "la verdad". El título de "gran renunciador", lo revalidó tiempo después con la cañonera, e incluso antes cuando poco caballerezcamente la "renunció" a Evita, también por una apretada militar.
Las concesiones desde la Secretaría de Trabajo, eran un "homenaje" al nuevo protagonismo social del movimiento obrero (que en la década anterior había producido acontecimientos como la huelga del 36), dentro de una estrategia de "desmovilización pasiva" y en un marco internacional de cierto vacío hegemónico que, como se ha explicado tantas veces, abrieron el camino al bonapartismo. Podría decirse que  la predicción de Trotsky tiene en el peronismo su modelo casi químicamente puro (distinto al varguismo brasilero que fue más "popular").
Dice Torre "Entre el proyecto original, esbozado a mediados de 1944 y este que emergió al compás de las vicisitudes de la coyuntura de 1945, hay una diferencia capital: el sobredimensionamiento del lugar político ocupado por los trabajadores, quienes pasaron de ser una pieza importante, pero complementaria en un esquema de orden y paz social, a convertirse en el soporte principal de la fórmula política de Perón".
El 17 de octubre fue más el producto del "nunca menos" del movimiento obrero y de una nueva relación de fuerzas entre las clases, que de la intención política de Perón de responder ofensivamente con algo más que ...un libro. Incluso la vieja guardia sindical se vio en parte obligada (no sin vacilaciones) a ponerse a la cabeza de la huelga general.
La liquidación del Partido Laborista, una intención de transformar en peso político orgánico el "sobredimensionamiento no querido" de la clase obrera, fue la puesta nuevamente de las cosas en su lugar y la vuelta al proyecto original (estratégico) del lugar "complementario" de los trabajadores dentro del peronismo. Dilemas en los que se debate este movimiento incluso en la actualidad. 
Pero hay un elemento que Torre minimiza desde nuestro punto de vista. Las estrategias de las direcciones del movimiento obrero (socialista, comunista y sindicalista) o, lo que es lo mismo, la carencia de una alternativa estratégica revolucionaria. 
Cuando cuenta el trágico final de Luis Gay, dirigente telefónico y uno de los impulsores del Partido Laborista, define que con él se acabó el intento de un proyecto politico independiente del movimiento sindical y su vieja guardia; no entendiendo que el sindicalismo (como el autonomismo o el anarquismo que son de su "género próximo", más allá de sus "diferencias específicas") carece por naturaleza de perspectiva independiente y está condenado en las coyunturas decisivas al rol "complementario" de algún burgués más o menos inteligente.
Del estalinismo y el socialismo son más conocidas sus "naturalezas", cuando se mira su deriva posterior (Unión Democrática incluida). El peronismo es el producto también de la ausencia de estrategia de la clase obrera.
La capacidad de reinvención del peronismo (para dialogar un poco con este post de JDM), a lo largo de la historia, en 1955, en el gran ensayo de los años 70, estuvo ligada a la incapacidad política, programática y estratégica de quienes pretendían superarlo por izquierda. Y es verdad lo que se afirma sobre el "ciclo vital" del peronismo y la experiencia histórica con él, los dilemas del cristinismo y demás. Y es atendible, también la (para nosotros) más dudosa hipótesis de una reconfiguración del sistema político en términos de clivajes de clase. Pero la ley de hierro es que sin programa, estrategia y por supuesto, fuerza material, para aprovechar las coyunturas históricas (como la que se acerca, con muchas similitudes con los 60) en términos revolucionarios, siempre está el peligro del eterno retorno, aunque cambie el "piso de arriba" de la gran casa peronista.

1 comentario:

  1. El estado del arte posmoderno y superior de esto que Ud escribe sería:
    1 Monetización de la pobreza mediante subsidios, planes varios etc.
    2 Contención social desde una inclusión muchas veces clientelar.
    3 Transformación de la demanda social de la reclamación al patrón a la reclamación al estado
    4 Paso al tesoro el tema de la pobreza como un problema administrativo.
    5 Nacimiento de una nueva burguesía (nueva clase media)
    6 Finalmente no reconocimiento por parte de los "incluidos" del esfuerzo que hace el estado para lograr esa "inclusión"

    Este proceso es lo contrario a un proceso revolucionario de corte a lo previo al 43-44. Es la culminación de un proceso de individuación, en donde el beneficiado por esas políticas no las ve como una conquista colectiva, resultado de una lucha o dirigida a su clase, sino como una cosa individual.

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