jueves, 24 de julio de 2014

Elogio del fumar



Las leyes contra los fumadores los han convertido en una especie de ciudadanos de segunda. Si hubo una "batalla cultural" que se ganó, a golpes de prohibiciones, fue esa. Se expandió imprudentemente la "condena" social de todos los fumadores. De experiencia social de integración, pasaje o iniciación de la vida "adulta"; pasó a ser un factor de discordia, de peleas y de malas miradas, incluso un acto que puede arruinar hasta el mejor de los encuentros o reuniones de amigos y no tan amigos. También destruyó la "verosimilitud" de la literatura ciudadana en general y la porteña en particular. Por suerte no hay necesidad del realismo, y quizá los futuros escritores puedan imaginarse una ciudad fantástica donde se fume en todos lo bares. 
Yo no fumo más, pero le dedico a mis amigos fumadores este fragmento de literatura hecha de la "fumadez" pura, concepto que Germán García introduce y me hace acordar a esos "pierceanos" (de Pierce) como la "rojés" o la "secundidad", que siempre me parecieron más acordes para la literatura que para la pretendida "ciencia"
Se recomienda leer con un pucho en la boca.   

"Fumé, fumé, fumé; se que esa noche fumé como nunca. Fumé como un murciélago aspirando el humo. La garganta ardiente y los ojos perdidos entre la calle atestada de otras cosas ajenas a mis interminables y siempre renovados cigarrillos. Fumé soñando despierto con los cientos de locos que en cientos de ciudades fumarían mojando sus cigarrillos con lágrimas inútiles, con gritos, gestos y muecas inútiles. Todo yo se fumaba fumando un cigarrillo. Todo estaba fumándose en un fumar sin precedentes en la historia de la fumadez humana. Fumé con la ansiedad de una parturienta, con los gestos de un borracho, con la mirada de un dopado, con la tristeza de un solitario, con el silencio de un muerto, con la inutilidad de un esclavo.
Yo fumaba mi fumadez y la del mundo. Quiero fumar más, cientos de inútiles cigarrillos. Tantos cigarrillos como horas quedan de aquí hasta la muerte. Mi acto de fumar no era un acto, era la fumadez de fumarse la vida. Yo fumaba la vida, ¡inútiles! Cientos de mis parientes fumaban la vida con gusto a cal, a grasa, a maizal, a pubertad, a vejez".

Germán García, Nanina, Fondo de Cultura Económica, 2011

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